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Necesito un consejo de Kondo

10 abril, 2019 | Apuntes, Lo que me pasa, Vivencias | No hay comentarios

María Kondo te aconseja mantener todo en orden. Los cajones del placard, el escritorio, la heladera, la casa. Al ordenar eliminarás de tu vida varias cosas que te permitirán vivir con más lugar, y así encontrar en seguida las cosas.

El método Kondo ha revolucionado el mundo íntimo, haciéndonos la pregunta que ella postula: “¿esta chalina me hace feliz?”, si la respuesta es positiva la guardo, de lo contrario le “agradezco” los servicios prestados y la dono, regalo o transformo, pero si o si sale de casa.

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Aquellas bellotas

26 marzo, 2019 | Anécdotas, Lo que me pasa, Vivencias | 2 comentarios

Cuando era chica mi padre solía enseñarnos los nombres de los árboles. Nos mostraba sus colores, la forma de las hojas, nos detallaba los alrededores del lugar donde estaban plantados, y nos mostraba sus frutos. Ese era unos de sus hobbies.

Las mujeres de la familia también teníamos hobbies: tejíamos con dos agujas; tejíamos al crochet; mi abuela Claudelina  bordaba a máquina y a mano; cuidaba su jardín y criaba canarios que luego presentaba en competencias.

Todos teníamos algún hobby.

En la reunión familiar de los domingos nadie estaba mano sobre mano, sino que siempre hacíamos algo. En la sobremesa nos sentábamos en el comedor diario que tenía un enorme ventanal que daba al jardín. La luz entraba de lleno por lo que facilitaba todos los trabajos manuales. El tejido, el crochet, el bordado, la costura.

Mi abuelo y mi papá criaban gallinas. En el garage habían instalado una especie de incubadora donde alojaban primero a los pollitos, y en otro rincón del enorme jardín cuidaban un gallinero para cuando los pollitos crecían y pasaban a la categoría gallina.

En el otoño mi abuelo juntaba los coquitos de eucaliptus que luego ponía en una lata con agua sobre la estufa. El calor calentaba el agua y el eucaliptus aromatizaba el ambiente.

Papá juntaba bellotas del roble que crecía en la vereda cuyas ramas entraban al jardín por sobre la ligustrina, y en un invierno las preparó luego de lavarlas, las perforó con algún taladro especial y le hizo una cartera a mi mamá.

El fin de semana pasado, paseando por un campo en Uruguay, visité la huerta del lugar. Al abrir la tranquera para entrar vi el piso regado de bellotas, y esa imagen me trajo los recuerdo de mi infancia.

También me trajo una pregunta: ¿El gusto por los hobbies se hereda o se enseña?

BICHA de CLAUDELINA

Afuera llueve

16 marzo, 2019 | Vivencias | No hay comentarios

Anunciaron lluvia. Mucha. Todo el fin de semana. Justo cuando nos vamos a pasar el fin de semana al campo. Hay que cruzar el río en ferry para llegar a la costa oriental. Vamos con el auto, así que el ferry es grande y espero que no se mueva mucho.

Lo importante es que podamos divertirnos en el free shop. ¡Ese sí que es un problema del primer mundo! Lo mismo que pedir recompensa por la pérdida de un dron o que el teléfono de última generación no nos entre en la bandolera Chanel.

Muchas amigas, muchas mujeres, mucha lluvia. Parece una combinación perfecta porque es caótica. Es que en toda reunión de mujeres reina el caos que nace en el momento en que hablan todas juntas y, encima, se escuchan.

Anunciaron lluvia. Llevamos el entusiasmo de ponernos al día con nuestras vidas. De hacer terapia de chicas. De comer rico y tomar mejor. De escucharnos.

Anunciaron lluvia. ¡A disfrutar mis queridas! Que los viajes de chicas son los mejores para saber que nuestro cuerpo tiene quien lo nutra de risas y nuestros problemas tienen solución.

Un encantandor relato

3 febrero, 2019 | Libros, Vivencias | No hay comentarios

Estoy leyendo el libro de María Gainza “El nervio óptico”, en el cual relata aspectos de su vida personal en paralelo con la descripción de un espectador de obras de arte, las cuales se exponen en museos argentinos.

El Museo de Arte Decorativo, el Museo Nacional de Bellas Artes son los escenarios donde uno se transporta para ver las obras que describe la autora.

Google es un aliado para la lectura del libro, ya que es necesario ver la obra de la que habla Gainza.

Luego será necesario concurrir a los museos para volver a disfrutar de las descripciones de las obras y de los relatos de los autores.

Entremezclado con las miradas sobre las obras de arte de distintos autores aparecen descripciones de la vida de la autora del libro. No se sabe si son reales o noveladas, lo cual no cambia en nada su apreciación sobre los personajes que la componen.

Entre esos relatos, destaco este que me parece maravilloso:

“La primera mitad de tu vida fuiste rica; la segunda, pobre. No alarmantemente pobre, sino más bien seca, de esas que llegan arañando a fin de mes sin haberse dado ningún lujo y tienen que salir corriendo a pedir prestado si surge algún imponderable. Eso explica tu síndrome de Cuna de Oro, la indestructile sensación de que el dinero siempre está….Pertenecés a una clase que durante generaciones ha dado por sentado que todas las noches tnedría un plato de comida caliente sobre la mesa. Hay mucho de bendición en eso, y algo de maldición también: la falta de hambre te vuelve haragana. El mismo fenómeno, pero a la inversa se da en las personas que han pasado privaciones y de grandes tienen dinero. Esa gente dice que llevará hasta el último día la sensación de frío y precariedad metida en los huesos…Vos podés pasar una larga temporada comiendo arroz, pero siempre pensás que va a ser pasajero…”

“El nervio óptico”, María Gainza

BICHA de CLAUDELINA

Vivir la vida de los hijos

25 enero, 2019 | Apuntes, Lo que me pasa, Reflexiones, Vivencias | No hay comentarios


A medida que crecen y se vuelven independientes los hijos empiezan a conducir sus vidas. Ya sea que vivan solos o con sus padres.

Ellos establecerán sus propios rituales; descubrirán cuáles son los horarios que deben respetar sin que sus padres les sirvan de despertador. Ese ritual del padre que a las 7 de la mañana los llama para ir al colegio, o peor, que prende la luz del cuarto para despertarlos, pasa a formar parte de su pasado de niños. Los hijos allí ponen un punto y aparte en sus vidas.

Cuando se independizan primero prefieren la comida chatarra, y luego de verse con granos en la cara entenderán los beneficios de las verduras y las frutas. Y ni hablar cuando les toque compar sus propios alimentos y deban pagarlos.

A medida que crezcan los hijos irán fomentando algunas amistades y soltando otras. Con ellas compartirán los fines de semana, los after office y las vacaciones. Y en ese tablero de posibilidades también elegirán el país en el que vivirán, ya sea que elijan una experiencia temporaria, vivir un gran amor o iniciar allí su carrera laboral.

Los padres iremos siguiendo sus pasos, procurando intervenir en aquellas hendijas que dejen abiertas y nos dejen opinar. Algunos padres aprendemos a escuchar y a guiar, y a medida que ellos eligen, tenemos que adaptarnos a sus vidas nuevas, lejanas o cercanas, solitarias o con compañía. 

Mientras tanto los padres debemos seguir con nuestras vidas sumándoles amigos, relaciones laborales, comprometiéndonos con los afectos que nos rodean. Esos afectos nos demandan tiempo y energía; debemos involucrarnos con ellos y aprender a mantenerlos usando nuestra energía para nutrir el contacto.

También será necesario que descubramos nuevos libros para leer, nuevas series para ver en la televisión, y a qué lugares nos queremos ir de vacaciones. Todo ello sin nuestros crecidos hijos. Si señores, los hijos ya no nos elegirán para compartir sus aventuras o sus noches o sus fiestas. Ello tendrán las propias y nosotros debemos tener las nuestras.

De lo contrario nos encontraremos viviendo la vida de nuestros hijos por no haber hecho el esfuerzo de armarnos una vida propia, la cual, por supuesto, nos requiere esfuerzo y compromiso. 

Elegir vivir la vida de los hijos es evitar comprometernos con la nuestra.

BICHA de CLAUDELINA

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