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El año del tigre

11 febrero, 2022 | Vivencias | No hay comentarios

wildlife photography of tiger

La pandemia nos ha llevamos a descreer de todo. En las noticias, en la vacuna, en la estadística, y sigue la lista.

Nos la pasamos pensando en qué sucederá, si debemos o no volver a trabajar presencial; si podemos o no ir al cine; si nos vamos de vacaciones al exterior con miles de papeles por llenar o si viajamos por acá nomás para ir más livianos.

No creemos cuando nos dicen que otros se contagiaron de Covid por ahí; eso no puede ser porque alguien debe haber tenido contacto estrecho. No creemos en el PCR, si da positivo pensamos que es un falso positivo; si es negativo habría que hacerlo de nuevo para estar seguros.

Nos llenamos de información inútil en vez de elegir pensar en tareas productivas como crear una huerta; sentarnos en la plaza a leer; escuchar un audiolibro; caminar por la ciudad; o simplemente permanecer en silencio para ayudar a nuestro cuerpo a cargar su energía.

Dice el filósofo Byung-Chul Han que el silencio es justamente el momento de la meditación; el tiempo necesario para frenar la excesiva actividad consumista y dedicarle instantes a la observación. El silencio no es productivo para el mundo consumista; no produce nada, pero sí nos permite meditar, rezar, reflexionar, respirar despacio, y pensar en todas aquellas cosas que nos nutren, como los recuerdos, los caminos que tomaron nuestros amigos, los instantes que nos regalan los pájaros.

El año del Tigre del horóscopo chino nos invita a la aventura, a nuevos viajes, al reestablecimiento de esos viajes, a recordar que debemos cuidar de la naturaleza que nos rodea. El mundo cambió para siempre. El tigre de agua nos traerá empatía y creatividad, y a quienes son tigres les traerá Introspección, momento de remover la tierra para arar («Horóscopo Chino 2022», Ludovica Squirru Dari).

Este verano nos juntamos un grupo de amigas y nos tiramos las cartas de Tarot, que nos auguraron emociones fuertes pero positivas. Supongo que nos harán temblar un poco las emociones, pero lograremos avanzar en el camino, dejando terminadas todas las tareas que teníamos comenzadas. Eso hará un buen Tigre de Agua, como yo.

¿Creemos en todas esas energías? ¿Sabemos incorporarlas a nuestras vidas para que no todo sea exclusivamente racional?

Deberemos hacer el esfuerzo porque la pandemia no quitó las ganas; nos alejó de los amigos; nos recluyó en nuestro cuarto; y nos llenó de noticias infladas.

Es momento de sacar las garras, y empezar a caminar este nuevo mundo post pandemia.

BICHA DE CLAUDELINA

Todas las imágenes desaparecerán

12 noviembre, 2021 | Vivencias | No hay comentarios

Los chicos en la calle de tierra corriendo carreras con las bicicletas en el barro

Las gatapeludas en los tilos, y la abuela Lina haciendo un cucurucho con el diario, al que lo prendía fuego para hacer una antorcha que luego acercaba al nido de los gusanos con pelos.

La pileta de la casa de City Bell llena de agua estancada en invierno. El agua le llega hasta la mitad de su profundidad, y está llena de hojas grandes de los robles que se fueron pudriendo. En toda la superficie se pueden ver sapos que nadan entre las hojas y la mugre.

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Los pasos

26 julio, 2021 | Vivencias | No hay comentarios

Nos habían prestado la casa porque les habíamos hecho un favor a los dueños hacía un tiempo. Al final las buenas acciones tienen recompensa. Así que preparamos algo de ropa, toallas para disfrutar de la pileta, sábanas y quilts y nos fuimos  instalar por un mes en la casa de City Bell.

Calle 15 y 508, una esquina preciosa. La casa era de estilo, muy bien conservada aunque tenía la cantidad justa de muebles. Lindo parque y mejor pileta.

Una galería adelante rodeada de Santa Ritas, otra detrás de la casa con acceso directo a la pileta, dos habitaciones grandes, una con dos camas de una plaza y otra con una cama de dos plazas. Por una escalera en el pasillo se subía a un altillo que había sido decorado como una habitación para niños. Era como un pequeño paraíso con ventanas mínimas y mucho sol entrando a través las cortinas.

Era viernes, hicimos asado y estábamos con nuestro hijo, y dos invitados, Abraham y su hija Carmela. Hacía calor, nos quedamos en la terraza trasera conversando.

De pronto escuchamos ruidos entre los arbustos. Es el viento dijo Abraham, no, el camión de la basura que está llegando a la esquina de la casa; o era algún gato del barrio que salía de festejo los viernes?

Seguimos charlando, aprovechando la tranquilidad de enero, el calor de la noche, la posibilidad de estar relajados y cómodos. Carmela nos contó que había aprendido a andar en bicicleta sin rueditas y ya a la tarde nos había mostrado como nadaba sin salvavidas ni bracitos.

Más ruidos, parecía pasos que se acercaban. Nos incomodó el ruido, nos acomodamos en los asientos algo excitados, Carmela dijo que eran dos ojitos chiquitos que nos miraban. Corrimos los asientos un poco alejados de los arbustos, hacia la zona de la pileta, y seguimos conversando.

El fútbol era el tema del momento, la formación de los equipos, si ganaría Estudiantes de la Plata o Gimnasia, la charla podía hacerse eterna, cuando de pronto aparecieron. Eran dos comadrejas enormes, del tamaño de un perro labrador. Overas. Con el pelo de mil colores, cuando nos miramos los hombres contra los animales el tiempo se congeló. Pareció que todos nos sorprendimos.

Nosotros, por ser gente de departamento que solamente está acostumbrada a animales pequeños o domésticos; y las comadrejas porque no estaban acostumbradas a ver gente. La casa había estado desocupada todo el año hasta que llegamos nosotros en enero. Las espantamos con un par de gritos y retrocedieron hasta la ligustrina. Allí ambas se miraron y una empezó a gritarle a la otra. Parecía que le reclamaba, chillaba como enfurecida. La otra bajaba la cabeza y no le respondía.

Nosotros agarramos una escoba y un balde que puse debajo de la canilla para juntar el agua que las espantaría, cuando podría haber corrido a la pileta y hacerlo de un zarpazo, pero mi educación de departamento no me avivó para ello. La comadreja chillona volvió sobre sus pasos, regresó al arbusto, nos miró y siguió caminando hacia la esquina del terreno donde estaba el cajón de madera en el que se depositaba la basura diariamente. Se trepó, abrió las bolsas, tomó unos restos de comida, y se volvió hacia el fondo del terreno junto a su casal.

Después de todo había ido a buscar la cena para sus cachorros.

BICHA de CLAUDELINA

Lole Reutemann

8 julio, 2021 | Vivencias | No hay comentarios

timelapse photography of green and white racing vehicle on lane


¡Se fue un grande! El corredor argentino de Fórmula 1.

Lole nos enseñó que afuera había un mundo mejor. Siguiendo el glamour de la Fórmula 1, Mónaco, Silverstone, Nurburgring, Japón, y muchos más nos mostró en una televisión pequeña y en blanco y negro como se vivía en otros países. Más allá de las bellas señoritas que siempre
acompañaban estos torneos.

El volante multifunción del Mach 5, el súper auto de Meteoro
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El campo

6 mayo, 2021 | Vivencias | No hay comentarios

Habíamos llegado al campo al atardecer. Hacía rato que no íbamos. Las inundaciones nos habían alejado y debíamos ir a recomponer la casa, el galpón y los animales. Nunca no imaginamos que todo terminaría de esa manera.

La chata patinaba en el barro que había dejado la intensa lluvia de mayo. Cerramos la segunda tranquera y ya enfilábamos para la casa por el camino de doble senda cuando vimos lo peor. Fierro, el mestizo del cuidador del campo, comiéndose los restos de una vaca.

Los perros no matan para comer, sino nunca vivirían en el campo ni serían la compañía de los gauchos. Además comida es lo que les sobra a los perros del campo. Todos son alimentados con lo que se siembra o faena, por lo que la escena nos estremeció. Descargamos los bolsos y nos encontramos con Indalecio que nos esperaba en la galería listo para darnos todas las noticias del lugar, especialmente de nuestra casa con sus animales.

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