Categoría: Lo que me pasa

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Muchos mimos

7 febrero, 2019 | Anécdotas, Apuntes, Libros, Lo que me pasa | No hay comentarios

Viste cuando alguien adivina lo que te gusta y te lo regala?

Esas hebillas con brillito de dudoso gusto que te fascinan, y que una amiga te la regala?

Esas libretitas con la cara de un perrito que sólo a vos te parece diviiina, y te la regala una compañera de trabajo que te dice “-fui a comprar vinchitas para mis hijas y encontré esta libretita con un perrito para vos”.

Bueno, así me sentí cuando llegué de las vacaciones y encontré entre el correo la caja de Bukku Libros con un montón de regalitos. Tooodos para mi.

Bukku LIbros es un servicio de suscripción mensual que te envía a tu casa un libro seleccionado. Pero eso no es todo…

Viene con regalitos!!!! Este mes trajo banderitas de colores para marcar hojas, de esas que tienen pegamento en un extremo; dos resaltadores que adoooorooo. Cómo me gustan las banderitas y los resaltadores. Y también te llega un código para escanear un listado de canciones que eleigió el autor del libro para que escuches cuando lees.

Este mes llegó el libro ¨Las reuniones” de Rosario Bléfari de Editorial Rosa Iceberg.

¿¿Se puede pedir más?? Todo un mimo. Gracias Bukku, hasta el mes que viene que volveré a ser mimada.

BICHA de CLAUDELINA

Vivir la vida de los hijos

25 enero, 2019 | Apuntes, Lo que me pasa, Reflexiones, Vivencias | No hay comentarios


A medida que crecen y se vuelven independientes los hijos empiezan a conducir sus vidas. Ya sea que vivan solos o con sus padres.

Ellos establecerán sus propios rituales; descubrirán cuáles son los horarios que deben respetar sin que sus padres les sirvan de despertador. Ese ritual del padre que a las 7 de la mañana los llama para ir al colegio, o peor, que prende la luz del cuarto para despertarlos, pasa a formar parte de su pasado de niños. Los hijos allí ponen un punto y aparte en sus vidas.

Cuando se independizan primero prefieren la comida chatarra, y luego de verse con granos en la cara entenderán los beneficios de las verduras y las frutas. Y ni hablar cuando les toque compar sus propios alimentos y deban pagarlos.

A medida que crezcan los hijos irán fomentando algunas amistades y soltando otras. Con ellas compartirán los fines de semana, los after office y las vacaciones. Y en ese tablero de posibilidades también elegirán el país en el que vivirán, ya sea que elijan una experiencia temporaria, vivir un gran amor o iniciar allí su carrera laboral.

Los padres iremos siguiendo sus pasos, procurando intervenir en aquellas hendijas que dejen abiertas y nos dejen opinar. Algunos padres aprendemos a escuchar y a guiar, y a medida que ellos eligen, tenemos que adaptarnos a sus vidas nuevas, lejanas o cercanas, solitarias o con compañía. 

Mientras tanto los padres debemos seguir con nuestras vidas sumándoles amigos, relaciones laborales, comprometiéndonos con los afectos que nos rodean. Esos afectos nos demandan tiempo y energía; debemos involucrarnos con ellos y aprender a mantenerlos usando nuestra energía para nutrir el contacto.

También será necesario que descubramos nuevos libros para leer, nuevas series para ver en la televisión, y a qué lugares nos queremos ir de vacaciones. Todo ello sin nuestros crecidos hijos. Si señores, los hijos ya no nos elegirán para compartir sus aventuras o sus noches o sus fiestas. Ello tendrán las propias y nosotros debemos tener las nuestras.

De lo contrario nos encontraremos viviendo la vida de nuestros hijos por no haber hecho el esfuerzo de armarnos una vida propia, la cual, por supuesto, nos requiere esfuerzo y compromiso. 

Elegir vivir la vida de los hijos es evitar comprometernos con la nuestra.

BICHA de CLAUDELINA

Mi hijo se fue a vivir solo

10 enero, 2019 | Anécdotas, Lo que me pasa, Reflexiones | No hay comentarios

Que temita, eh? Que se te viene el síntoma del nido vacío. Que vas a extrañarlo. Que querrás que se quede un tiempo más.

¿Todo eso me pasará? ¿Esos sentimientos me saltarán a la yugular?

Mi primera hija se fue hace ya cuatro años a vivir con una amiga de la infancia, y hoy ya vive sola en su departamento. El cuarto que ella dejó paso a ser mi taller de arte y manualidades.

El cuarto que deje mi hijo será ocupado por mi marido, y decorado como a él le guste.

Después de varias conversaciones con los dueños del departamento, entrega de papeles, acuerdos de fechas y precios, hoy mi hijo firmó el contrato de alquiler y le entregaron la llave de su nueva casa.

¿Podrá arreglarse solo? ¿Sabrá que no hay que dejar papas en ollas de aluminio porque se puede envenenar? ¿Sabrá donde está la llave central de la luz si saltan los tapones?

Según me dijo ya conoce las calles de su nuevo barrio por las cuales de noche hay menos luz y es preferible evitar; ya sabe donde es la parada donde tomar el colectivo para llegar a su trabajo; y también donde queda el supermercado más barato.

¡Suerte que sabe cocinar! Que le enseñé de chico a preprarase menúes sencillos, y que de grande su padre le enseñó platos gourmet.

Hoy conocí su departamento nuevo, muy lindo; me mostró donde en el futuro colocaría el lavarropas, la distribución de los muebles que quiere. Me presentó a sus vecinos, que en realidad son 4 amigos de la infancia que viven en el mismo edificio. Es una vecindad donde se cuidarán entre ellos, y se ayudarán a empezar esta parte de sus vidas.

Personalmente veo esta situación como el desarrollo natural de la vida. En mi época no nos íbamos a vivir solos, y él con 24 años ya lo eligió sin tener dudas ni ponerse condiciones. Si, lo voy a extrañar como extrañé a mi hija, pero festejo sus saludables decisiones de elegir su lugar propio para poder respirar el aire que ellos quieren.

B I C H A de C L A U D E L I N A

Lectura y descanso

7 enero, 2019 | Libros, Lo que me pasa, Vivencias | 2 comentarios

Una lesión muscular me obligó a hacer reposo. El primer traumatólogo que visité me recetó paracetamol después de hacerme una radiografía. No tiene nada, me dijo.

Pasó una semana, y el dolor seguía, así que me saqué un turno con una deportóloga. Me revisó.. No tiene nada, haga kinesiología, me dijo.

Paso la semana y el dolor se intensificaba, entonces concurrí a otro traumatólogo que practica la acupuntura. Me ordenó reposo para recuperar mi cuerpo de un gran estrés.

Así entonces me dediqué a mirar películas y a buscar libros para leer. Mi posición física debía ser horizontal, por lo cual se me dificultaba el tejido y el bordado.

Así fue que empecé con los libros.

Libros y descanso

Primero leí “También esto pasará” de Milena Busquets. Me encantaron las descripciones de sus sentimientos frente a la muerte de su madre; la revisión de su vida, y el espíritu de la ciudad de Cadaqués que la recibe con amigos luego de aquel acontecimiento.

Luego me pasé a “La habitación alemana” de Carla Maliani, que me atrapó con el relato que no da respiro, dando la impresión que el lector va de la mano de la protagonista mientras observa sus vivencias.

Así fue que empecé el año 2019 con los libros.

Hoy fui hacerme acupuntura, tenía mucho dolor y me resistía a las agujas. El traumatólogo chino me dijo “ corticoides o acupuntura”, corticoides no es bueno para tu cuerpo.

Tanto lloré del dolor que, de vuelta para casa pasé por la librería ”Libros del pasaje” en la calle Thames 1762 en el barrio de Palermo en Buenos Aires y me compré tres libros para continuar con mi reposo y mi recuperación:

  1. Kentukis de Samanta Schweblin
  2. La ilusión de los mamíferos de Julián López
  3. Mi marido y su mujer de Rosario Oyhanarte

Enfrente de la librería del pasaje hay una confitería, y como me había salvado del corticoide que siempre engorda, mi marido compro churros con dulce de leche. Ya que mi salud mejorará con la acupuntura y no con el corticoide, y para olvidar mi llanto de dolor me comí dos churros enorme con unos mates.

Churros, mates, y libros una tarde feliz. Ponele…

B I C H A

Era ficción

1 octubre, 2018 | Anécdotas, Lo que me pasa, Reflexiones, Vivencias | 2 comentarios

Era ficción. Y no me di cuenta.

Todo surgió durante un viaje temático. Un encuentro de bordado en Tandil, en la Provincia de Buenos Aires.

Éramos unas diez mujeres que nos aventuramos a pasar un fin de semana en el campo, bordando, tiñendo y estampando telas.

Algunas no nos conocíamos, otras teníamos alguna presentación anterior en un viaje similar o en algún evento.

Era ficción

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