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Tres temas que me preocupan

2 abril, 2020 | Apuntes, Ejercicio creativo, Reflexiones | No hay comentarios

Hay tres temas que me preocupan. No son de esos temas que por los que se va a parar el mundo, pero a mi me preocupan.

Uno es la imposibilidad de quitar la máscara de pestañas a prueba de agua con los demaquilladores comunes.Yo uso lentes de contacto, y si no los uso, me pongo lentes, en ambos casos los ojos me piden que use gotas, y así lo hago. Tres veces por día me pongo una gota en cada ojo, por lo que necesito usar máscara de pestañas a prueba de agua para evitar que la que no lo es se me convierta en un tarro de pintura negra que me chorrea por los lagrimales.

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El cine

18 marzo, 2020 | Anécdotas, Apuntes, Ejercicio creativo, Reflexiones | No hay comentarios

Hacía mucho que no iba al cine. A veces pierdo esa costumbre al cambiarla por la comodidad del sillón de casa. Pero no es lo mismo. 

En el hall había gente de todos los colores; jóvenes que gritaban para llamar la atención del universo; madres que compraban pochoclos para que quince minutos después, sus hijos los hicieran volar por los aires.

El cine es el lugar indicado para encontrarte con tu pasado. Acreedores, jefes, ex novio o la madre del ex que, al verte, pondrá cara de qué suerte que mi hijo no se casó con ella…está horrible. 

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Felicidad sociable

5 marzo, 2020 | Apuntes, Libros, Reflexiones, Vivencias | No hay comentarios

…descubrimos que la felicidad guarda relación con el modo en que algunas cosas se convierten en bienes aún antes de que tengamos la fortuna de encontrarnos con ellas. Dirigirse hacia las cosas buenas es marchar en la dirección correcta. Y por ende es importante compartir esta dirección con otras personas. El club de fans o los grupos de hobbies hacen explícito lo que está implícito en la vida social; que tienden a gustarnos aquellas personas a las que les gustan las cosas que nos gustan. Es por ello que el vínculo social siempre está ligado a los sentimientos. Si nos hacen felices los mismos objetos -o si investimos los mismos objetos con esa supuesta capacidad-, nos dirigimos o nos orientamos en un mismo sentido.

Ser afectado de buen modo por objetos de antemano evaluados como buenos es una forma de pertenecer a una comunidad afectiva. Considerar a los mismos objetos como causa de felicidad nos alinea con otros.

Sara Ahmed, en la “Promesa de la felicidad”.
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¡A la dirección!

21 enero, 2020 | Anécdotas, Apuntes, Ejercicio creativo, Reflexiones, Vivencias | No hay comentarios

-Talpone, a la dirección!, dijo la monja.

Y allá voy  por el pasillo arrastrando los pies para demorar la llegada; levantando la cera de los cerámicos que pusieron las hermanitas tan hacendosamente.

Gordo. Panzón. Bola.

Todo vale para llamar a Ramiro. Los compañeros de quinto grado siempre hacen lo mismo.

Flaco. Palito. Fideo.

Así me dicen a mí, lo cual no es ninguna ventaja. ¿A qué chica le gusta un flaquito sin músculos? Pura altura, poca fuerza, pareciera que con el aliento me van a voltear.

En cambio a Ramiro siempre le sale una sonrisa que te envuelve y enamora.

Ramiro es mi amigo.

Cuando tiene figuritas repetidas me las comparte. A la salida del colegio me espera para volver junto a nuestras casas.

Todos los días mamá me pone un paquete entero de galletitas en una bolsita para que las coma en la merienda. Ella cree que con todas esas galletitas estaré alimentado, seré fuerte y sano, y yo lo que quiero es ser forzudo, tener músculos para poder patear mejores goles y que las chicas me miren. Yo como dos galletitas, y el resto se las comparto a Ramiro.

-Talpone, siéntese que vamos a conversar, dice la monja.

Algunos días los chicos se ponen intensos. Todos los del grupo de Sergio, saltan, corren y hablan cuando él les da cabida. Para que eso suceda Sergio tiene que estar de humor. ¿Qué le pasará a ese tipo que es tan cambiante? No sé qué tiene, pero el grupo lo sigue, y el blanco de sus diversiones es Ramiro.

Gordo. Panzón. Bola.

Así le dicen cuando Sergio les hace un guiño. Y allá van ellos a mortificarlo.

El grupo y Sergio no juegan al fútbol en los recreos. Son tristes, unos pechos fríos. Ni idea tienen de lo que se siente cuando la pelota se desprende de tu pie, hace trayectoria y entra en el arco. No tienen garganta para gritar un gol. Yo para eso me entreno cuando voy a la cancha con papá. Son amargos, sin fútbol y sin goles no tienen alegrías. Por eso se la agarran con Ramiro.

-Gordo, bola, le dicen y se ríen como esos animales que pasan por NatGeo que parecen que están siempre gastando al prójimo de la selva.

-Talpone, me han contado lo que pasó en el aula. ¿Podría contármelo usted también?

-Bueno hermana, la cosa fue así: estábamos en el aula, en medio de la clase de geografía y la profesora le pregunto a Ramido Yañez cuál era el río de la India en el cual se realizan las ceremonias de cremación y Ramiro en vez de decir el Río Ganges, dijo el Rió Tanger. Se equivocó por poquito, hermana.

-Y después que pasó?

-El grupo de Sergio se empezó a reír y Sergio se le acercó y le dijo al oído “gordo.panzón.bola y tarado”. Lo escuché perfecto porque yo me siento atrás de Sergio.

-Y? Siga…

-Y entonces como ya estoy cansado de esas bromas y, primero de todo, Ramiro es mi amigo, lo defendí.

-Si, Talpone, usted lo defendió pero le clavó una birome a Sergio en la espalda.

-Cierto hermana, la próxima vez que lo ataquen defiéndalo usted.

BICHA de CLAUDELINA

Leer o aburrirse

26 diciembre, 2019 | Apuntes, Ejercicio creativo, Libros, Lo que me pasa, Reflexiones | No hay comentarios

Me gusta Chéjov, ese médico que cuenta casi riéndose situaciones llenas de dolor. La habilidad de Chéjov es lograr que ese dolor sea intuido por los lectores, sacado por los lectores mismo desde ese fondo negro inexplicado. Ahí está el arrojo y la aventura de un lector: poner todo de sí, volcar su propia experiencia en la lectura, aceptar el juego, la invitación que el autor hace, como los chicos cuando dicen “dale que ahora somos piratas y ahora atacamos un barco y le prendemos fuego”. El lector, el buen lector, contesta sí, dale, e inventa también el juego a su vez. Porque uno abre un libro y lo espera todo de ese libro. Uno está dispuesto a darse entero en la lectura, a darle atención, silencio, uno renuncia a la realidad cuando se abstrae leyendo, se transparenta, se ausenta. Está bien inventada la expresión volcarse a la lectura, porque uno se vacía hacia la palabra escrita y entrega la imaginación a esa existencia paralela, dispuesto a dejarse llevar…

Maniobras de evasión, Pedro Mairal, 2017

En las reuniones me aburro seguido. A veces creo que soy mi mejor compañía. aunque para sentir así debo estar acompañada, sino siento la soledad y me paralizo.

Me aburre sacar tema, y eso que no soy precisamente alguien que no los tiene. Me aburre la conversación que no fluye, prefiero la charla enardecida a la que se desarrolla en calma.

Creo que dos horas de visita son suficientes para ponerse al día, para contar nuestros proyectos, escuchar los del resto y partir a casa a leer un libro o ver un capítulo de Netflix.

Necesito pensamientos y conversaciones nutritivas. Debe ser que necesito optimizar el tiempo, ese bien escaso que no lo quiero regalar a nadie.

BICHA de CLAUDELINA

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