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El cine

18 marzo, 2020 | Anécdotas, Apuntes, Ejercicio creativo, Reflexiones | No hay comentarios

Hacía mucho que no iba al cine. A veces pierdo esa costumbre al cambiarla por la comodidad del sillón de casa. Pero no es lo mismo. 

En el hall había gente de todos los colores; jóvenes que gritaban para llamar la atención del universo; madres que compraban pochoclos para que quince minutos después, sus hijos los hicieran volar por los aires.

El cine es el lugar indicado para encontrarte con tu pasado. Acreedores, jefes, ex novio o la madre del ex que, al verte, pondrá cara de qué suerte que mi hijo no se casó con ella…está horrible. 

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¡A la dirección!

21 enero, 2020 | Anécdotas, Apuntes, Ejercicio creativo, Reflexiones, Vivencias | No hay comentarios

-Talpone, a la dirección!, dijo la monja.

Y allá voy  por el pasillo arrastrando los pies para demorar la llegada; levantando la cera de los cerámicos que pusieron las hermanitas tan hacendosamente.

Gordo. Panzón. Bola.

Todo vale para llamar a Ramiro. Los compañeros de quinto grado siempre hacen lo mismo.

Flaco. Palito. Fideo.

Así me dicen a mí, lo cual no es ninguna ventaja. ¿A qué chica le gusta un flaquito sin músculos? Pura altura, poca fuerza, pareciera que con el aliento me van a voltear.

En cambio a Ramiro siempre le sale una sonrisa que te envuelve y enamora.

Ramiro es mi amigo.

Cuando tiene figuritas repetidas me las comparte. A la salida del colegio me espera para volver junto a nuestras casas.

Todos los días mamá me pone un paquete entero de galletitas en una bolsita para que las coma en la merienda. Ella cree que con todas esas galletitas estaré alimentado, seré fuerte y sano, y yo lo que quiero es ser forzudo, tener músculos para poder patear mejores goles y que las chicas me miren. Yo como dos galletitas, y el resto se las comparto a Ramiro.

-Talpone, siéntese que vamos a conversar, dice la monja.

Algunos días los chicos se ponen intensos. Todos los del grupo de Sergio, saltan, corren y hablan cuando él les da cabida. Para que eso suceda Sergio tiene que estar de humor. ¿Qué le pasará a ese tipo que es tan cambiante? No sé qué tiene, pero el grupo lo sigue, y el blanco de sus diversiones es Ramiro.

Gordo. Panzón. Bola.

Así le dicen cuando Sergio les hace un guiño. Y allá van ellos a mortificarlo.

El grupo y Sergio no juegan al fútbol en los recreos. Son tristes, unos pechos fríos. Ni idea tienen de lo que se siente cuando la pelota se desprende de tu pie, hace trayectoria y entra en el arco. No tienen garganta para gritar un gol. Yo para eso me entreno cuando voy a la cancha con papá. Son amargos, sin fútbol y sin goles no tienen alegrías. Por eso se la agarran con Ramiro.

-Gordo, bola, le dicen y se ríen como esos animales que pasan por NatGeo que parecen que están siempre gastando al prójimo de la selva.

-Talpone, me han contado lo que pasó en el aula. ¿Podría contármelo usted también?

-Bueno hermana, la cosa fue así: estábamos en el aula, en medio de la clase de geografía y la profesora le pregunto a Ramido Yañez cuál era el río de la India en el cual se realizan las ceremonias de cremación y Ramiro en vez de decir el Río Ganges, dijo el Rió Tanger. Se equivocó por poquito, hermana.

-Y después que pasó?

-El grupo de Sergio se empezó a reír y Sergio se le acercó y le dijo al oído “gordo.panzón.bola y tarado”. Lo escuché perfecto porque yo me siento atrás de Sergio.

-Y? Siga…

-Y entonces como ya estoy cansado de esas bromas y, primero de todo, Ramiro es mi amigo, lo defendí.

-Si, Talpone, usted lo defendió pero le clavó una birome a Sergio en la espalda.

-Cierto hermana, la próxima vez que lo ataquen defiéndalo usted.

BICHA de CLAUDELINA

La casa de lanas

1 julio, 2019 | Anécdotas, Apuntes, Vivencias | No hay comentarios

La primaria la cursamos en el turno mañana, y mamá es maestra suplente en el mismo colegio. Como su trabajo no es anual, y papá tiene un amigo que lo acaban de nombrar interventor en una fábrica de lana, deciden probar y alquilar un local para instalar una lanería en el barrio. El lugar ya tenía estanterías, antes había sido un negocio de empanadas, y con ingenio mamá colocó unos estantes de vidrio donde acomodó las lanas.

La vidriera prolijita llena de lanas de color celeste y blanco. Es 25 de mayo y hay que poner elementos alusivos a la Revolución de Mayo de 1810. Mamá pasó el plumero por los recovecos de la  vidriera para sacar las telarañas y los bichos de la luz que se instalan entre las madejas y ovillos de lana colgados de perchitas e hilos de tanza.

Nos estamos mudando de barrio, y como mis hermanos siguen yendo a la primaria y mamá decidió dedicarse completamente al negocio, ahora vuelven en la camioneta de Menchaca. Al mediodía cierra el negocio para acompañarnos durante el almuerzo, aunque en realidad lo prepara Lorena, quien vive con nosotros desde hace unos pocos años.

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Dr. Shomboi

10 junio, 2019 | Anécdotas, Apuntes, Vivencias | No hay comentarios

La casa de mi familia era un departamento alquilado, tenía muebles que serían modernos para su época aunque no eran caros ni de estilo. Mi papá era militar y mi mamá maestra. Mis dos hermanos y yo íbamos a la escuela pública con guardapolvo blanco, lo cual nos evitaba gastar en uniformes. A medida que crecíamos a mí me tocaba el delantal nuevo porque era la hija más grande, mientras mis hermanos heredaban los míos, lo cual me hacía una privilegiada porque era la siempre estrenaba ropa, mientras que a mis hermanos le llegaba todo de segunda mano.

Julio González (1876-1942)
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Aquellas bellotas

26 marzo, 2019 | Anécdotas, Lo que me pasa, Vivencias | 2 comentarios

Cuando era chica mi padre solía enseñarnos los nombres de los árboles. Nos mostraba sus colores, la forma de las hojas, nos detallaba los alrededores del lugar donde estaban plantados, y nos mostraba sus frutos. Ese era unos de sus hobbies.

Las mujeres de la familia también teníamos hobbies: tejíamos con dos agujas; tejíamos al crochet; mi abuela Claudelina  bordaba a máquina y a mano; cuidaba su jardín y criaba canarios que luego presentaba en competencias.

Todos teníamos algún hobby.

En la reunión familiar de los domingos nadie estaba mano sobre mano, sino que siempre hacíamos algo. En la sobremesa nos sentábamos en el comedor diario que tenía un enorme ventanal que daba al jardín. La luz entraba de lleno por lo que facilitaba todos los trabajos manuales. El tejido, el crochet, el bordado, la costura.

Mi abuelo y mi papá criaban gallinas. En el garage habían instalado una especie de incubadora donde alojaban primero a los pollitos, y en otro rincón del enorme jardín cuidaban un gallinero para cuando los pollitos crecían y pasaban a la categoría gallina.

En el otoño mi abuelo juntaba los coquitos de eucaliptus que luego ponía en una lata con agua sobre la estufa. El calor calentaba el agua y el eucaliptus aromatizaba el ambiente.

Papá juntaba bellotas del roble que crecía en la vereda cuyas ramas entraban al jardín por sobre la ligustrina, y en un invierno las preparó luego de lavarlas, las perforó con algún taladro especial y le hizo una cartera a mi mamá.

El fin de semana pasado, paseando por un campo en Uruguay, visité la huerta del lugar. Al abrir la tranquera para entrar vi el piso regado de bellotas, y esa imagen me trajo los recuerdo de mi infancia.

También me trajo una pregunta: ¿El gusto por los hobbies se hereda o se enseña?

BICHA de CLAUDELINA