El pañuelo azul

26 diciembre, 2023 | Vivencias | No hay comentarios

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Cuando las mujeres se casan tienen varios rituales. LLevarle huevos a la monjas para que la noche de la boda no llueva; y usar algo nuevo, algo viejo, algo prestado y algo azul

Se casaba la hija menor de la familia. Niña mimada que había terminado su carrera universitaria, igual que el novio que ya era contador. Los dos trabajaban y tendrían un buen futuro. Dos años de novio, se los veía armoniosos en su relación. Estaban ya llegando a los treinta años; no habían vivido juntos y decidieron casarse.

Se hicieron los preparativos para la fiesta un año antes de la celebración religiosa. Casamiento por civil en la ciudad de Buenos Aires y luego un brindis en el piso de la familia de él. Casamiento por iglesia en el Santísimo Sacramento y fiesta en el Palacio Bencich. Fiesta a todo trapo, muchas flores frescas, DJ de primera, y doscientos invitados.

La novia eligió el vestido, encaje de color marfil, el cabello suelto y un velo de tul y puntilla antiquísimo que le consiguió su madrina de bautismo. El novio reservó un jaqué gris oscuro, se compró zapatos negros y reservó turno en la barbería para que le corten el pel y lo afeiten.

Todos los preparativos se presentaron de manera correcta, no harbría sorpresas ni contratiempos. El servicio de cattering le ofreció a los novios probar distintos platos para que eligan el menú que más les gustara, y lo aceptaron. Una entreda de verduras, primer plato de carne con timbal de papas, de postre helado y luego gran mesa de dulces. Barra de tragos que funcionaría toda la nochem y desayuno de mate con pastelitos.

Se acercaba el dia y la novia ya tenía algo nuevo, su vestido; algo viejo, los aros; algo prestado, el velo y algo azul, un pañuelo que su madrina le había traído de Suiza, bordado a mano, hacía ya unos años pensando en el día que su ahijada se casara. El ritual se había cumplido a la perfección. 

Lo único que falló fue el clima. El día del casamiento por iglesia diluvió. Nadie le llevó los huevos a las monjas. Ese ritual incumplido dió los resultados no deseados pero anticipados.

Se casaron un sábado, se fueron de luna de miel a México y al año tuvieron un hijo y otro al año siguiente. Pasaron cinco años más y la pareja se la veía perfecta. Siempre impecables como modelos de la revista Vogue. Nunca una discusión en público.

Un día la mujer apareció en la casa de sus padres con los dos niños que ya tenían siete y ocho años. Ni una lágrima derramó, ni una palabra explicó el motivo de esa presencia.

Al mes dejó la casa de sus padres y de mudó a un departamento que alquiló y pagaba con su sueldo de abogada y empleada de tribunales. La obra social la cubría su trabajo, y los niños siguieron yendo a la misma escuela parroquial del barrio.

Los padres de la mujer quisieron saber el motivo de la separación, pero ni una palabra salió de su boca. Un día en un almuerzo familiar, la mujer contó que su marido tenía dos caras. Frente a todos era un contador exitoso, pero en realidad manejaba el dinero negro de varias firmas. Que durante años vivieron sin obra social ya que él no quería gastar en ello, y que ese había sido el motivo por el cual ella había dejado de trabajar en aquel estudio jurídico tan importante y empezar en tribunales. Allí tenía obra social y un sueldo que le permitía organizar su vida de otra forma, sin descuidar la educación de los niños.

Que él al notar que ella estaba cambiando de vida se puso violento, lo que la asustó primero y la puso en alerta después. Que al darse cuenta que era mejor irse que esperar a encontrar un lugar para mudarse, y ante un nuevo episodio violento, se fue a la casa de sus padres, y el resto del cuento ya lo sabían.

El padre de la mujer, al escuchar que su hija había resuelto su vida de esa forma, tomó el descorchador y abrió un vino, la botella estafa fría, se le patinó y el metal del destapador le hizo un corte en un dedo.

-Tomá papá, ponete esto en la mano para evitar que te sangre tanto, total ya no sirve.

Y le dió el pañuelo azul.

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Osobicha

Hola soy Bicha, de Espacio Claudelina, el blog de tejido, crochet y patchwork; y de Reflexiones de Claudelina y Pitoco, un blog de escritura para divertirte y reflexionar. Pasá, disfrutá de la lectura, paseá conmigo a través de la escritura, observá las imágenes que se describen, comentá las emociones que te despierta ese panorama, compartilo.

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