La normalidad

2 octubre, 2020 | Anécdotas, Apuntes, Reflexiones, Vivencias | No hay comentarios

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Qué vendría siendo la normalidad?

La que nos espera después de una cuarentena de seis meses, con un mundo contaminado de Covid 19? La que nos enseñaron nuestros padres? La que les enseñamos a nuestros hijos?

Si la normalidad es tener una familia funcional, qué hacemos con la familia disfuncional. Si la familia funcional es mamá, papá, y los hijitos, cómo catalogamos al resto? Y la igualdad de género no cuenta? Los matrimonios igualitarios no son la nueva normalidad?

Se me ocurren un montón de preguntas y varias respuestas. Creo que la normalidad es una construcción cultural en la que no se consulta a nadie, sino que se impone. Pero, cómo se impone? En la escuela? En los medios de comunicación? Pienso que en ambos lugares. Nos enseñan lo que quieren en un momento de la historia, y luego lo replican en los medios de comunicación sin importar las consecuencias que esas enseñanzas tendrán en la gente que no reúne las características de esa normalidad impuesta.

Pobres de nosotros si no encajamos en los lugares que la normalidad nos indica. Tendremos que luchar contra gigantes prejuicios instalados en el resto de los mortales con los cuales nos cruzaremos en nuestra infancia y adolescencia para que en nuestra adultez podamos elegir y mandar a todos a la mierda por los momentos en que sufrimos el bulling y la discriminación por no haber conformado las expectativas de un público al que nunca le importamos.

En la escuela nos debería enseñar autoestima y con eso viviríamos nuestras vidas sin preguntarle al resto del universo si les gusta o no lo que somos.

Tengo un perro mestizo que se llama Cooper, y hoy vinieron de la veterinaria a buscarlo para bañarlo y cortarle el pelo. Llegaron en una camioneta algo golpeada, con el logo en el capot; al volante iba un hombre con barbijo azul, y como acompañante otro de unos cuarenta años, con barba entrecana, chaleco de cuero, remera negra de la que se asomaba un racimo de tatuajes en ambos brazos.

El hombre bajó de la camioneta, alzó a Cooper y se fue a la parte trasera para subirlo al canil, mientras aproveché para jugar con un caniche y un bulldog francés que asomaban por la ventana del asiento delantero. Cuando volvió y abrió la puerta para subir e irse, noté que tenía enroscada en el cuello una víbora de color marrón con manchas más claras. Le pregunté si la había tenido desde que llegó porque no la había notado, o si la había colocado allí después de acomodar a Cooper. Sonrió y me contestó que no era una sino dos, que estaban calentitas.

Un collar de víboras entrelazadas con una barba entrecana, entran en el concepto de normalidad para el ítem “mascota”?

Hace unos años fue al psiquiatra. Primera entrevista me pregunta con quien vivo. Le digo con mi esposo. Con quien más pregunta. Con mi hija Camila. Alguien más, pregunta. Con mi hijo Guido. Me pregunta si los hijos son del mismo padre. Le contestó que sí, que tengo un matrimonio con papeles, dos hijos del mismo padre, con los papeles en regla. Levanta la vista y me mira de manera neutral. Le pregunto si todo eso es normal.

Me responde que no.

BICHA de CLAUDELINA

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Osobicha

Hola soy Bicha, de Espacio Claudelina, el blog de tejido, crochet y patchwork; y de Reflexiones de Claudelina y Pitoco, un blog de escritura para divertirte y reflexionar. Pasá, disfrutá de la lectura, paseá conmigo a través de la escritura, observá las imágenes que se describen, comentá las emociones que te despierta ese panorama, compartilo.

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