El cine

18 marzo, 2020 | Anécdotas, Apuntes, Ejercicio creativo, Reflexiones | No hay comentarios

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Hacía mucho que no iba al cine. A veces pierdo esa costumbre al cambiarla por la comodidad del sillón de casa. Pero no es lo mismo. 

En el hall había gente de todos los colores; jóvenes que gritaban para llamar la atención del universo; madres que compraban pochoclos para que quince minutos después, sus hijos los hicieran volar por los aires.

El cine es el lugar indicado para encontrarte con tu pasado. Acreedores, jefes, ex novio o la madre del ex que, al verte, pondrá cara de qué suerte que mi hijo no se casó con ella…está horrible. 

El hall del cine tiene ese olor a gaseosa mezclada con agua y pocholo pegoteado, todo debidamente impregnado en la alfombra de colores que antecede a los mostradores de venta. Como si eso no fuera suficiente, el pochoclo también ataca a otro de los sentidos: el oído, que tiene entidad justo cuando empieza la película y todos nos quedamos quietos.También había un olor característico: el de las alfombras percudidas.

No hay tiempo para ventilar el lugar entre función y función; y el cine con techo corredizo que quedaba en Juramento y Cabildo ya no existe. En medio de la función se abría y se veía el cielo, entraba el fresco y se ventilaba todo.Antes los cines eran más grandes, recibían más público, tenían las butacas de cuero y el piso de madera. Hoy tienen alfombra, cortinas, y asientos de tela que pretenden hacerlos pasar por pana. Eso permite la adherencia de todos los olores; pochoclo, gaseosa con agua y chicle, entre otras asquerosidades.

Ir al cine es disfrutar de una pantalla nítida en la que se ven las imágenes. Primero las propagandas, infaltables para entusiasmar al público. Luego para apreciar detalles de la película, de los actores favoritos, si se tiñen el pelo o si se les corrió el esmalte de uñas. A Tom Cruise se le nota mucho la tintura.

A mí me gusta el cine de pocas butacas, nada de pochoclo, y butacas de pana verdadera anchas y cómodas, de esas que se puede apoyar la cabeza de manera completa y que el respaldo se reclina.

El día que más recuerdo de mis idas al cine, fue cuando con mi papá entré al Cine Metro en la calle Cerrito. A una cuadra del obelisco, en el corazón de Buenos Aires. El Metro era enorme, con una cartelera luminosa colgada en el frente del edificio por encima de sus múltiples puertas de entrada. Las luces que anunciaban la película y las fotos de los actores competían con el resto de los carteles de la calle Corrientes.

Fuimos los dos solos; el cine tenía butacas de cuero y el piso de madera; vimos El Golpe con Paul Newman y Robert Redford. Apenas empezó la película apareció un cartel ubicando las escenas en septiembre de 1936. Papá me dijo “el mes y año de mi nacimiento”. Su frase me quedó grabada, vaya uno a saber porqué, y a partir de allí esa fue la medida de las cosas.

La primera guerra mundial empezó antes de septiembre de 1936… la segunda guerra después de septiembre de 1936… La caída del muro de Berlín fue después de septiembre de 1936…Hong Kong logró la independencia de Inglaterra después de septiembre 1936…Hoy, cuarenta años después, septiembre de 1936 sigue siendo mi patrón de medida.

BICHA de CLAUDELINA

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Osobicha

Hola soy Bicha, de Espacio Claudelina, el blog de tejido, crochet y patchwork; y de Reflexiones de Claudelina y Pitoco, un blog de escritura para divertirte y reflexionar. Pasá, disfrutá de la lectura, paseá conmigo a través de la escritura, observá las imágenes que se describen, comentá las emociones que te despierta ese panorama, compartilo.

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