Yo maté a Martha Arias

10 noviembre, 2018 | Reflexiones | 4 comentarios

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Continuando con mi búsqueda de inspiración para poder terminar mi cuento/relato que abandoné hace un año, es que encontré en internet un taller literario online*.

Mirando la forma de dictar las clases y las consignas encomendadas, me encontré con la primera, dada como ejemplo, en la cual debía escribirse la forma en que maté a Martha Arias y el escritor debía tener su profesión real o una ficticia.

En mi caso, como soy abogada penalista, el título me era familiar.

Aquí estoy entonces para confesar cómo maté a Martha Arias.

“Ella quedó como desorientada, tambaleándose, caminaba en zigzag, se le nubló la vista, siguió caminando, hasta que no tuvo más fuerzas y se murió. El disparo había sido mortal nomás. Yo pensé que solamente había sido superficial, pero no. Estaba muerta.”

Martha Arias era una mujer agradable en su tono de voz. Esas mujeres que cuando hablan se parecen a nuestra hermana o a nuestra madre o incluso a esa tía querida. Ese tono de voz agradable, tranquilizador le daba un aire de santa mujer, de bondad. Pero su personalidad no lo era, era intrincada, carente de afectos, sobreviviente de una infancia complicada.

Con esos elementos fue construyendo su vida, primero de una forma torpe para luego construir lentamente una vida glamorosa. Fue a la universidad y desarrolló su carrera de doctora en química de una manera asombrosa. Cierto es que los químicos nunca se quedan sin trabajo. Todas las empresas los necesitan, quienes hacen tintes para la ropa; o los laboratorios medicinales; o las firmas que fabrican jabones para la ropa. A Martha Arias nunca le faltó trabajo, lo cual le permitió gozar de una buena vida.

Las vivencias de la infancia la marcaron y los amores que tuvo en su vida fueron estampados con esas heridas. Es que las cicatrices que dejan los desprecios, forman relieves encarnizados en el alma que cuando se ama se estampan en la relación con el otro. No son fluidas relaciones de amor, sino compromisos llenos de tironeos, mezquindades y desprecios.

No hablo de violencia sino de pequeños gestos mezquinos en los que las personas no desean compartir a otros con el resto del universo. Mujeres que tienen amigas que no quieren que tengan otras amigas, sino que solamente las miren a ellas. No quieren que la gente que la rodea se distraiga y preste atención a otros. Martha Arias quería toda la energía del otro, la necesitaba para poder llevar adelante sus proyectos. No quería que los sueños de los otros se desarrollasen, ya que esos planes podrían distraer al otro de las necesidades que ella tenía.

Así era Martha Arias. Quería exclusividad, no quería compartir con otros a las personas que las rodeaban. Te alentaba con los proyectos de vida que tenías, pero al momento de concretarlos era mezquina, ocultaba información, buscaba las contras del asunto y así lograba desalentarte.

Si programabas un viaje a la Antártida, un lugar exótico sobre esta tierra, si los hay! a Martha Arias le parecía descabellado. Para qué irías? Si allí no hay nada! Ni siquiera internet! Qué podría dejarte de bueno ese viaje? Ella manejaba la vida de otros, con su preciosa cadencia al hablar convencía con lo que decía.

Si tenías una cita con un hombre, le parecía directamente una locura que pudieras concretarla. Te convencía que el hombre era un asesino serial. Seguro, seguro, sin lugar a dudas. Las palabras que el candidato había enviado en sus mensajes de whatsapp eran traducidos por Martha Arias como mensajes satánicos, llenos de odio y rencor hacia las mujeres. Así que mejor…olvidar la cita.

Si tenías el proyecto de vender bolsas reciclables a ella le parecía que su confección era trabajosa, que el costo era alto, que la cadena de distribución fallaría, y así continuaba poniendo piedras en el camino de manera que te tropezaras a cada paso.  Finalmente ni intentabas el proyecto, total…fracasaría.

Hasta que un día…finalmente…de manera inevitable…maté a Martha Arias.

Un episodio sin importancia hizo que tuviéramos un desencuentro. A ello se le sumaron dos acontecimientos personales de tristeza profunda que me llevaron a pensar sólo en mí por un tiempo hasta que los superara y recuperara la energía.

Esos momentos fueron letales para Martha Arias. Cómo podía ella perder el control sobre mis emociones? Cómo podía yo negarme a compartir mi tristeza, la cual, por supuesto, le serviría para tenerme de rehén afectivo por un tiempo.

El silencio fue mi compañero afectivo por un lapso de mi vida, y así fui armando de nuevo mis sentimientos con nuevas pautas. Al haber perdido los tótems que me protegían debí fortalecerme. Al ver desaparecer la juventud de otros debía reciclar mi energía y apreciar la salud que me acompañaba. Hasta hoy debo hacer ese ejercicio, porque es difícil entender la enfermedad y la muerte de quienes tienen nuestra misma edad. Es un tema trillado, pero cuando te toca vivirlo en carne propia no hay escuela, curso, amigo ni palabra que reemplace la necesidad de sentir nostalgia, dolor, pena, compasión.

Esa soledad que elegí fue despreciable para Martha Arias, quien no supo entender mi situación porque le faltaban las herramientas para hacerlo. Ante la falta de esas armas prefirió el desprecio, la crítica, el insulto, las cuales conocía muy bien. Prefirió la calumnia, hablar mal a espaldas mías, mentir situaciones en las que yo no había estado, total…miente, miente que algo quedará.

Así fue entonces que un día maté a Martha Arias, y la saqué de mi vida. Nunca más la llamé, ni la vi, me olvidé de las redes sociales en las que actuaba, me alejé de sus comentarios, de sus palabras, de sus caprichos, de sus tentáculos, de la nube negra que la acompañaba a todos lados.

Maté a Martha Arias, porque era Ella… o Yo

*escribir.com.ar

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Osobicha

Hola soy Bicha, de Espacio Claudelina, el blog de tejido, crochet y patchwork; y de Reflexiones de Claudelina y Pitoco, un blog de escritura para divertirte y reflexionar. Pasá, disfrutá de la lectura, paseá conmigo a través de la escritura, observá las imágenes que se describen, comentá las emociones que te despierta ese panorama, compartilo.

4 Comments
  1. Sara

    Bueno muy bueno,se te nota cierta madurez en el resumen de las frases .Esperando el próximo

  2. Lukre

    Ays cuanta gente he matado yo, por esas cosas.
    Buen escrito

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