Sobrevivientes de los afectos

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Algunas personas no conocen el cariño, la caricia, el cuidado. No hablo de amor, sino de afecto.

Esas personas que tienen hijos y los mandan al colegio sin piloto y botas de goma cuando llueve; que no le ponen en bucito cuando refresca, ni conocen de viandas con comida para niños, no son descuidados o desaprendidos, son carentes de afecto.

Los padres que no llevan a los chicos a jugar al fútbol, cuando a los 8 años todos los niños quieren jugar como Messi; o que no los peinan para que queden prolijitos el día de tienen un cumpleaños en el pelotero, no son padres que no quieren a sus hijos, sino padres que no recibieron el acompañamiento en su infancia para ir a la escuelita de fútbol, ni conocieron lo que era un peine para sus rulos. Ni hablar de los padres que nunca conocieron el peine de los piojos, quienes nunca sabrán lo que es la lucha a brazo partido con esos pequeños monstruos capilares.

Esos padres en realidad no fueron sujetos de afecto. Nadie los esperaba después del colegio con el Nesquik con galletitas. No conocieron la Cindor, ni los alfajores de marca (fuera Guamayen!), no sabían porqué el delantal o el uniforme se descosía en abril y nunca se arreglaba hasta diciembre, o hasta que alguna abuela lo veía y lo arreglaba. No una madre, una abuela.

Hay chicos que solamente conocieron la playstation, y no saben cómo es hacer un gol en un arco en una cancha de verdad, con pasto, asientos duros, con frío por el viento que llega hasta la última tribuna y que te cala los huesos. Se aburren mirando a los jugadores, ellos quieren la inmediatez del gol electrónico, lo demás es demasiado lento.

Es que esos chicos nunca fueron objeto del afecto de sus padres, que utilizaron su paciencia para enseñar con hechos lo que es ver en vivo a su equipo favorito. Eso se cultiva, no se mira sino que se enseña a mirar la jugada, no se da por sentado sino que se describen las piruetas de los jugadores y se enseña cómo se hacen, aunque sea de manera imperfecta.

Esos padres que no saben qué poner en la mesa del cumpleaños de su hijo, no es que sean distraídos sino que nadie les mostró cómo se hacía. Ellos no saben qué había en su propia mesa de cumpleaños cuando eran chicos. No tuvieron globos para repartir porque inflarlos daba mucho trabajo. No tuvieron bolsitas para entregar a los amigos cuando se iban del cumpleaños, porque para qué gastar en caramelos si después los dejan por ahí y se pegoteaban en la bolsita.

Esos niños no tuvieron tampoco la cercanía de la madrina, porque las madres no dejaron que se acerque. Ellas eran suficientemente buenas para esos niños, la madrina no tenía nada que hacer allí. No vaya a ser que se diera cuenta de la falta de cariño que rodeaba la relación!

Esos padres que hoy tratan de aprender con sus propios hijos lo que sus padres no les dieron ni les enseñaron, no son malos padres, hacen lo que pueden porque saben poco de cariño; a ellos no les falta amor para dar, les faltó cuidado.

Esos padres son los sobrevivientes de relaciones donde faltó el afecto.

 

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Publicado por

Osobicha

Hola soy Bicha, de Espacio Claudelina, el blog de tejido, crochet y patchwork; y de Reflexiones de Claudelina y Pitoco, un blog de escritura para divertirte y reflexionar. Pasá, disfrutá de la lectura, paseá conmigo a través de la escritura, observá las imágenes que se describen, comentá las emociones que te despierta ese panorama, compartilo.

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